Causas
Mucho se ha investigado tratando de encontrar una causa genética para la homosexualidad pero estos estudios han recibido amplias críticas por su escaso valor científico. Más aun, han habido estudios que parecen demostrar que los genes no tienen ninguna relación.
El hecho de que haya gemelos, que comparten la identidad genética, y uno de ellos sea homosexual y el otro no, también es una muestra cabal y nítida, de que el problema no se origina allí.
Los estudios sobre niveles hormonales tampoco han sido concluyentes, encontrándose muchas veces homosexuales y heterosexuales con los mismos niveles.
Las verdaderas causas de la homosexualidad no se pueden resumir en una frase, son complejas como el ser humano, y varían de un individuo a otro.
Si podemos comentar, que problemas emocionales durante la infancia y la adolescencia, abuso sexual infantil, falta de una buena relación de afecto con el padre en los varones, y con la madre en las mujeres, así como una falta de afecto en general y un mal relacionamiento con el mismo género, son factores comunes que encontramos entre los homosexuales.
El homosexual trata de satisfacer la necesidad de vínculo y afecto por medio de la relación sexual, lo cual le resulta completamente insatisfactorio a la larga. Por eso las parejas homosexuales suelen durar poco tiempo. El homosexual una y otra vez trata de suplir sus necesidades que no son sexuales de una manera sexual con una nueva pareja, lo cual le lleva a una nueva desilusión.
Esto lo vemos continuamente en las parejas homosexuales, la alegría de haber encontrado la pareja perfecta luego de más o menos tiempo viene acompañada por la angustia de la separación y un nuevo empezar. Además ha quedado completamente confirmado en estudios científicos de seguimiento, algunos en más de 100 parejas, donde por ejemplo no se ha encontrado que haya durado más de 5 años ni siquiera UNA de todas las estudiadas.
¿Puede cambiar el homosexual?
La respuesta es un rotundo ¡SÍ!
Miles han cambiado.
El Dr. Spitzer, famoso en EE.UU entre la comunidad homosexual por haber sido en 1973 un importante propulsor de retirar la homosexualidad de la lista de desórdenes siquiátricos de la American Psychiatric Association, realizó en mayo de 2001 una investigación sobre los ex-gays que causó gran sensación en los medios norteamericanos y entre los escépticos al mostrar que el cambio sí es posible y es una realidad concreta en la vida de las personas.
Al final de este artículo Puede descargar gratuitamente el libro:
HOMOSEXUALIDAD Y ESPERANZA
TERAPIA Y CURACIÓN EN LA EXPERIENCIA DE UN PSICÓLOGO
Por GERARD J.M. VAN DEN AARDWEG
Doctor en psicología por la Universidad de Amsterdam
Aardweg nos dice:
“Una correspondencia o relación homosexual no puede satisfacer o proporcionar ningún tipo de felicidad, exceptuando pequeños ‘flashes emocionales’. El compañero ideal sólo existe en la imaginación insaciable del paciente que sufre este complejo y, así, nunca lo encuentra.
El sociólogo alemán Dannecker, homosexual confeso, fue objeto de las iras del movimiento homosexual al declarar explícitamente que la ‘amistad homosexual fiel’ era un mito.
Dicho mito –afirmó cínicamente– tendría su finalidad en acostumbrar a la sociedad al fenómeno homosexual. La ‘amistad duradera’ se vende fácilmente. Tenemos que aceptar este fenómeno en su plena realidad y conseguir que lo acepten las masas.
La realidad, admite, es que buscamos muchas parejas forzados por nuestra ‘inclinación’. Dannecker corrobora su afirmación con estadísticas sobre el número de parejas de los que tienen tendencias homosexuales, comparado con el de los heterosexuales.
Lo que dice no es nuevo. Confirma el carácter compulsivo y frenético de la homosexualidad: ser ‘gay’ no es algo ‘gozoso’ (como el nombre en inglés sugiere), sino una psico-dependencia.”
Los protagonistas hablan:
Ex-gay escribe a un programa radial
«He sido radioescucha de «Hora de amor» por varios años. Admiro la respuesta cándida y directa que usted brinda a sus oyentes cuando le llaman.
Sin embargo creo que su consejo sobre homosexualidad carece de una visión completa. En el curso de los últimos años, he escuchado a numerosos oyentes homosexuales referirse a su insatisfacción con su sexualidad; o que le han presentado serios dilemas en relación con su sexualidad.
Una llamada que recuerdo en particular fue de un chico adolescente homosexual que se sentía atraído solamente a hombres heterosexuales, no a otros hombres homosexuales. Esta llamada me impulsó a escribir esta carta para compartir mis sentimientos e historia con usted, con la esperanza de que la compartirá con sus escuchas.
Cuando tenía 16 años, comencé a tener sexo con otro chico adolescente. Nuestra relación sexual continuó por los siguientes dos años. El me introdujo a la pornografía y a los paseos gay. Con esto quiero decir que me volví activamente involucrado en encuentros anónimos con otros hombres en parques y baños públicos por sexo. Cuando comencé la universidad a los 18 años, pensé que mi actividad homosexual se detendría. Sin embargo las dificultades de la vida se hicieron mayores, y mi actividad aumentó hasta un nivel adictivo. En ese momento, me di cuenta que mis atracciones homosexuales y mi comportamiento no era solamente una «fase pasajera». Me di cuenta que era verdaderamente un homosexual.
Durante algunos años continué teniendo encuentros sexuales anónimos con otros hombres. Sin embargo se volvió un modo de vida emocionalmente muy doloroso. Comencé a buscar ayuda. No quería ser homosexual, o continuar mi actividad sexual con hombres. Comencé a trabajar con un terapeuta que me enseñó muchas habilidades sociales y habilidades cognitivas. También encontré una organización de hombres que patrocinaba retiros de hombres y grupos de apoyo continuo para hombres. Me uní a un grupo de hombres y continué trabajando con terapistas para curar mi homosexualidad. En el curso de tres a cuatro años, me embarqué en una transición que cambió mi vida completamente. Por medio del uso de poderosas técnicas terapéuticas, tales como habilidades para re-enmarcar el proceso de pensamiento, análisis interior, energía de núcleo, padre-reconexión, representación de roles psicodramáticos, mis atracciones homosexuales disminuyeron y mi verdadero ser como hombre heterosexual ha emergido.
A través de mis experiencias terapéuticas, aprendí que mis atracciones homosexuales y mi comportamiento eran síntomas de una necesidad más profunda. Esta necesidad es recibir amor de otros hombres de una manera no sexual. Un abuso sexual infantil a temprana edad, un padre alejado y distante emocionalmente, relaciones poco saludables con mi madre y abuelas y un sentimiento de no aceptación de otros chicos y hombres todo causó mis atracciones homosexuales. A raíz de que había sido herido a una edad tan temprana, me encerré emocionalmente para protegerme a mí mismo. Esto me libró de más dolor, pero también impidió que recibiera el amor del mismo sexo que tan desesperadamente necesitaba.
A través del curso de mi curación, he recibido mucho toque no sexual de otros hombres. Este toque y mi liberación de tanto dolor emocional ha ayudado a curar mis heridas.
Ahora tengo 26 años y he sido libre de mi actividad homosexual por tres años. No me siento atraído más por otros hombres, y mi atracción heterosexual previamente no existente ha emergido. Mi impulso a buscar el cambio sexual estaba basado en mi dolor emocional interno, no en presiones sociales de ser «normal».
Traté de vivir un estilo de vida gay, y en mi experiencia, fue decepcionante y vacío. La curación no es tratar de suprimir las atracciones homosexuales.
Es aceptarlas por lo que son, y lo que realmente simbolizan.
Creo que la homosexualidad es un síntoma (tal como el alcoholismo o el abuso de drogas) de una herida más profunda. El hecho de que el 90% de las parejas gay no son monógamas, y que la mayoría de los hombres gay reportan abuso sexual infantil, claramente me indica que la homosexualidad es inherentemente una cuestión que se va desarrollando. Hay demasiados denominadores ambientales comunes entre los homosexuales para concluir que las causas sean biológicas o el azar.
Le he escuchado a usted hacer la conexión entre abuso sexual y posterior comportamiento homosexual en muchos de sus oyentes. Poner en práctica estas atracciones homosexuales simboliza un fuerte deseo de conectarse con otros hombres y de conectarse con la masculinidad. Pero dos hombres que están buscando masculinidad fuera de ellos mismos no la pueden encontrar sexualmente a través de otros hombres. A mi juicio, ésta es la razón por la qué vivir en relación gay es al final infructuoso.
En ciertas ocasiones, le he escuchado discutir como las personas no necesariamente deberían actuar en relación a qué o a quien se sienten atraídos.
La homosexualidad es un gran ejemplo. Los homosexuales están buscando su identidad de género a través del contacto sexual con el mismo sexo. Sin embargo, no la encontrarán allí. Dado que las raíces de la homosexualidad son básicamente necesidades no sexuales, el homosexual no se puede curar a través de relaciones sexuales con el mismo sexo. Se puede curar por relaciones no sexuales profundas con personas del mismo sexo.
En referencia a su oyente homosexual adolescente quien no se sentía atraído por otros homosexuales, es claro para mí que él se siente atraído a hombres heterosexuales a causa de su masculinidad, y esto es precisamente con lo que necesita conectarse pero de manera no sexual.
Extravesti relata su historia
Fuera con la máscara
El testimonio de John Paulk
Vestirme de mujer me dio la popularidad y la aceptación que tanto deseaba. Me sentía orgulloso de ser travesti. La habilidad de ser «hermosa» se convirtió en mi único interés en la vida.
Mis padres se divorciaron cuando yo tenía cinco años. Mi papá nos llevó a mi hermana y a mí a un parque, se arrodilló a nuestro lado, y nos dijo adiós. Fue un día trágico y un trauma que nunca olvidaré. Durante el resto de mi niñez viví con inseguridad continua, creyendo que la gente que yo amaba siempre me dejaría.
Con otros muchachos de mi edad me sentía terriblemente inseguro y distinto. Sencillamente no podía ser lo que ellos esperaban de mí, y en vista de que yo no era hábil para los deportes y era afeminado, me decían «marica», «maricón» y «mujercita».
Con mi amigo Jaime comenzamos a consumir bebidas alcohólicas a los 14 años. Desde el principio mi intención fue emborracharme, y es lo que hacía siempre. Bebía para aturdirme y entumecer el dolor interior, y eso proveía un escape temporario de mis sentimientos de odio hacia mí mismo y de ineptitud.
A los 15 años, una muchacha de la escuela me habló de Dios mientras un día estábamos hablando por teléfono. Yo creí todo lo que me dijo sobre la Biblia.
Después de hablar con ella, me arrodillé y le pedí a Jesús que entrara en mi corazón. Luego busqué fervientemente al Señor, pero como nadie más en mi familia era creyente, me aparté luego de seis meses. Pasarían otros diez años para que yo nuevamente clamara a Dios pidiéndole ayuda.
Cuando estaba por terminar la secundaria, un amigo me llevó por primera vez a un bar de homosexuales. Un nuevo mundo se abría ante mis ojos. Toda la atención que recibí de otros hombres me resultó irresistible. ¡Me parecía estar en el cielo!
Pronto me enamoré de un muchacho llamado Curtis. Nuestra relación sexual pareció natural, me metí de cabeza en el estilo de vida homosexual y abandoné el sueño de mi infancia: tener una esposa e hijos.
Pero fue pasando el tiempo, y mi relación con Curtis comenzó a deteriorarse y hasta que luego de un año nos separamos. Una vez más había perdido a alguien que yo creí se quedaría conmigo para siempre. Nuestra ruptura fue tan difícil para mí que dejé los estudios y me mudé otra vez a casa de mi madre. Empecé a beber más, y me sentía tan miserable que traté de quitarme la vida. El intento de suicidio falló, y para recuperarme busqué a un psicólogo homosexual para que me ayudara a juntar los pedazos en que se había convertido mi vida.
Para poder pagar los gastos que escalaban continuamente, empecé a trabajar en la prostitución. Me llevaban hasta un hotel, y allí vendía mi cuerpo por 80 dólares la hora. Mis clientes que mantenían su homosexualidad en secreto, usaban drogas como LSD y cocaína, y me las proporcionaban gratis. Sólo por la gracia de Dios no me convertí en adicto.
Para el fin de ese verano, emocionalmente estaba destruido. Recuerdo que me dormía llorando al regresar a casa después de permitir que me usaran sexualmente toda la noche.
Ese verano hubo otro acontecimiento significante en mi vida. Vi a un amigo en un bar de homosexuales. El estaba vestido de mujer, y su apariencia femenina era tan real que me costaba creerlo. Estaba fascinado, y una noche él me puso maquillaje y una peluca. Cuando me miré en el espejo, me asombré de ver a una hermosa «mujer». Esa noche me drogué y fui al bar. Mantuve en secreto mi identidad real.
Nadie sabía que debajo de esa «máscara» estaba yo. Esa noche revolucionó mi vida. Durante los tres años que siguieron dediqué todo mi esfuerzo a perfeccionar ese estilo de «mujer». Estaba orgulloso de ser travesti, y me hacía llamar «Candi». Rápidamente me hice popular en el círculo de travestis.
En ese mundo lo único que importaba era la habilidad para ser hermosa y parecer una mujer de verdad. Me decían que yo era uno de los mejores, y empezaron a conocerme en regiones vecinas. Pero interiormente yo me odiaba, y una noche mientras estaba en la pista de baile le dije a Dios: -Sé que puedes ayudarme. Algún día voy a regresar a ti.
En octubre de 1985 mi psicólogo me confrontó por lo mucho que yo bebía. Empecé a ir a los encuentros de Alcohólicos Anónimos. Después de pasar seis meses sin beber, mi mente empezó a aclararse. Abrí la puerta de mi armario y miré la cantidad de vestidos, pelucas, tacones altos, maquillaje y alhajas que había acumulado en tres años.
-Candi, ya no te necesito -dije-. Te digo adiós.
Puse todo en una caja y lo tiré a la basura. Sentí como si diez toneladas hubieran
sido sacadas de mi espalda.
-Vas a volver -me decían mis amigos-. Siempre serás travesti.
-Van a ver que no -contestaba yo-. No volveré ser travesti mientras viva.
Hasta el día de hoy no he vuelto a vestirme de mujer.
Muy poco después un pastor de jóvenes pidió hablar conmigo. Tomás vino a mi apartamento y me habló de Jesús. Después de 20 minutos lo interrumpí.
-Ya sé todo lo que dicen los Evangelios -le dije-. A los 15 años yo era cristiano.
Pero nací homosexual así que…
-No, no naciste homosexual -respondió Tomás y leyó Génesis 1: «Dios hizo al hombre … varón y hembra…. Dios contempló todo lo que había hecho y vio que era excelente.»
Así se hizo la luz en mi interior. Me convencí de que la homosexualidad no era algo con lo que había nacido, ni algo en lo que debía continuar. Esa semana desenterré mi Biblia y empecé a leerla otra vez. Después de varios días de lucha para llegar a una decisión, me arrodillé junto a mi cama.
-Dios, no sé cómo salir de la homosexualidad, pero te seguiré. No importa lo difícil que sea. Nunca más me voy a alejar de ti.
Era el 10 de febrero de 1987. Había encontrado a Alguien que nunca me dejaría. Yo había asistido diariamente a un encuentro de Alcohólicos Anónimos homosexuales, y tenía muchos amigos en ese grupo. Aunque seguí asistiendo, algo en mi interior había cambiado. Una noche salió el tema de si los homosexuales irían al cielo.
-No importa si somos homosexuales o heterosexuales -les dije-. Si creemos en
Jesucristo iremos al cielo.
Mis amigos quedaron mudos; nunca antes me habían escuchado decir algo así. Ese fue el comienzo del fin de mi vida homosexual.
Comencé a limpiar mi apartamento. Borré videos pornográficos y tiré a la basura cientos de dólares en accesorios homosexuales.
Escribí cartas a mis amigos homosexuales contándoles sobre mi conversión. La mayoría nunca me contestó.
Mi amigo Tomás enfatizó la importancia de la disciplina, en especial la lectura bíblica diaria y la oración. Pero yo seguía sintiéndome muy solo. El me llevó a la iglesia, pero tenía miedo de que los hombres «normales» me rechazaran.
Tres meses después encontré un libro de Donald Baker sobre el rechazo. Lo llevé a casa y me lo devoré en un día. En las últimas páginas estaba la dirección de un ministerio llamado «Amor en acción», y escribí pidiendo información.
En esos días mi madre me dijo: -John, te has esforzado mucho este último año para cambiar tu vida. Estoy orgullosa de ti.
-Sólo podía apoyarme en Cristo -le respondí-. El produjo el cambio, no yo.
Luego de algunas semanas recibí del ministerio «Amor en acción» la información que había solicitado junto con la confirmación de que me habían aceptado en un programa especial para personas como yo. Era diciembre de 1987.
En «Amor en acción» encontré sanidad. Toda mi identidad debió volver a construirse desde cero. Descubrí que la idea que tenía de Dios estaba distorsionada, y me resultaba difícil aceptar la realidad de su amor y aceptación completa para conmigo.
Mirando hacia atrás, veo que Dios quería mostrarme mi verdadera identidad como hombre. Ser un travesti excelente era lo único de lo que yo había estado orgulloso.
La idea de ser amado por ser quien era me resultaba totalmente incomprensible. Pero algo comenzó a cambiar. Aunque cometí muchos errores durante los primeros años en que abandoné la homosexualidad, me aferré al Señor. No puedo precisar el momento con exactitud, pero en 1988 ya no volví a dudar de que Dios me amaba y aceptaba.
Finalmente pude perdonar a mis padres por su descuido emocional y por las maneras en que yo sentí que ellos me habían rechazado. Verbalicé todo eso con el Señor y la amargura comenzó a desaparecer. La falta de perdón que me había mantenido esclavo del pecado durante tanto tiempo, finalmente se estaba desvaneciendo.
Todo el proceso para dejar la homosexualidad ha sido un proceso lento pero ininterrumpido. Me di cuenta de que la gente no me veía como el travesti que yo solía ser; me aceptaban por quien yo era ahora. Sin embargo, todavía me sentía ligado a Candi. Era hora de dejarla morir.
En los años siguientes mi amistad con varones aumentó hasta el punto en que me sentí seguro en mi masculinidad. Mis deseos homosexuales estaban empezando a desaparecer.
Aunque Jesús llenaba los lugares vacíos de mi corazón, yo seguía sintiendo que había lugar para alguien más. En 1991 me enamoré de una hermosa mujer de Dios que iba a la iglesia, y que provenía de un trasfondo lesbiano. Participábamos juntos del grupo de adoración en la iglesia, y nos hicimos amigos. Yo admiraba su compromiso con el Señor, y comenzamos a noviar.
Dado que el estar de novios era algo nuevo para ambos, le pedimos consejos a nuestro pastor. Pasamos por momentos muy difíciles tratando de discernir nuestros roles respectivos ya que los dos habíamos venido de entornos homosexuales.
Muchas veces Satanás trató de evitar que nuestro amor se solidificara, pero el Señor nos guió en cada obstáculo.
Ana y yo nos casamos el 19 de julio de 1992. Yo lloré al pronunciar nuestros votos matrimoniales, sabiendo que el Señor estaba haciendo realidad mi sueño. El poder transformador del Señor fue tan evidente durante nuestra boda, que mi madre y mi padrastro oraron para recibir al Señor esa noche.
En el pasado nunca había podido decir «soy un hombre.» Pero ahora soy una nueva criatura en Cristo; puedo ser amado porque soy de Cristo. En el pasado había muchas máscaras detrás de las que me escondía para protegerme y no ser herido otra vez. Ahora veo que esas máscaras sólo eran un obstáculo al amor de Dios para conmigo. En Jesucristo he encontrado el amor y la aceptación que había buscado toda mi vida.
LÍDER GAY SE CONVIERTE EN CRISTIANO
La historia de Michael Glatze, conocido como editor fundador de la revista gay América Joven («Young Gay America») ha estado haciendo titulares en diversos medios durante julio de 2007.
Líder de los derechos Gay deja la homosexualidad
Estrella destacada del movimiento dice que Dios lo liberó de su estilo de vida Él era una estrella creciente en el movimiento de «los derechos gay», pero Michael Glatze declara ahora que él no sólo ha dejado el activismo – ¡él ya no es un homosexual!
Glatze, quien se había hecho una fuente frecuente de los medios como el editor fundador de la revista de América Joven Gay – cuenta la historia de su transformación en una columna exclusiva publicada hoy por WND
Después de hacerse el redactor de la revista de América gay Joven a la edad de 22 años, Glatze recibió numerosos premios y reconocimientos, incluso el Premio del Modelo Nacional a Imitar del Foro de Igualdad de la principal organización de derechos homosexuales. Los medios gravitaron hacia él, que lo llevaron a apariciones en la televisión PBS y MSNBC y menciones en una tema de portada en la revista TIME llamada «la Batalla sobre los Gay Adolescentes.»
Aunque Glatze se salió de la comunidad homosexual hace aproximadamente un año y medio, él dice que la columna probablemente sorprenderá a algunas personas.
«Esta será realmente una noticia para todos aquellos con los cuales yo solía estar relacionado,» dijo él a WND.
El cambio radical de su vida, recuerda Glatze, comenzó con “incitaciones interiores” que él ahora atribuye a Dios.
«Espero que yo pueda compartir mi historia,» dijo él. «Siento fuertemente que Dios me ha puesto aquí por una razón. Incluso en los días más oscuros de parrandas hasta altas horas de la noche, abuso de sustancias y todas las clases de cosas dañinas – cuando me preguntaba, ¿’Por qué estoy aquí?, ¿qué hago?’ – había siempre una voz allí.
«Yo no sabía cómo llamarla, o si yo podía confiar en ella, pero ésta me dijo ‘para.'» Glatze dijo que él se dio cuenta de los sentimientos homosexuales a la edad de 14 años aproximadamente y en público se declaró «gay» a la edad de 20 años. Finalmente, después de una década en la cual su papel de mando en el mundo de activista homosexual creció – pero junto a ello, un misterioso conflicto interior – él dice que finalmente fue «liberado».
De hecho, él escribe en su columna WND hoy, «‘salir’ de la influencia del modo de pensar homosexual fue la cosa más liberadora, hermosa y asombrosa que he experimentado alguna vez en toda mi vida.»
Antes de la publicación de su “salida» en su columna hoy, Glatze se puso en contacto con el Redactor Gerente de WND David Kupelian después de leer su libro, «la Mercadotecnia de Mal, del cual Glatze dijo «éste me ha brindado tanta ayuda en mi proceso de curación de las profundas influencias del mal en nuestra presente sociedad.»
Después de años en primera fila del movimiento gay, Glatze empezó a dudar de por dónde iba su vida. Sus dudas aumentaron repasando un vídeo de una intervención que hizo en un debate público, en el que él salía como «experto» del bando prohomosexualismo.
«No sabía a quién acudir con mis dudas… y me giré hacia Dios», explica. A raíz de una enfermedad previa -relacionada con su forma de vida-, hacía un tiempo que ya había establecido una relación con Dios.
«Vi claro, a medida que pensaba el tema, y lo rezaba, que la homosexualidad nos impide encontrar nuestro auténtico yo interior. No podemos ver la verdad cuando estamos cegados por la homosexualidad», escribe.
«Creemos, bajo la influencia de la homosexualidad, que la lujuria no sólo es aceptable, sino una virtud», apunta.
Desde ese momento empezó a llamar a sus deseos homosexuales por su nombre: lujuria. Y buscó centrarse en su yo más verdadero para empezar un proceso largo de sanación.
«Sanar las heridas causadas por la homosexualidad no es fácil», dice. «Hay poco apoyo obvio. El apoyo que puedes recibir es ridiculizado, ofendido, silenciado y humillado por la retórica, o ilegal a causa de leyes retorcidas. Parte de la agenda homosexual es que la gente deje de considerar que la conversión es una pregunta viable, que se puede hacer esa pregunta, dejando a un lado incluso si funciona o no.»
«En mi experiencia, salir del armario de la influencia de la mentalidad homosexual fue la experiencia más liberadora, hermosa y asombrosa que he tenido en toda mi vida», dice.
¿Qué dice la Biblia?
1) Mandamientos dados por Dios:
«No te acostarás con un hombre como uno se acuesta con una mujer. Eso es una abominación.»
(Levítico 18:22)
«Si un hombre se acuesta con un hombre, como se acuesta con una mujer, los dos cometen una abominación.»
(Levítico 20:13)
2) Episodio relatado en el libro de los Jueces:
«Cuando estaban alegrándose, he aquí que los hombres de la ciudad, hombres pervertidos, rodearon la casa y golpearon la puerta diciendo al anciano, dueño de la casa:
—¡Saca fuera al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos!
Aquel hombre, dueño de la casa, salió a ellos y les dijo:
—¡No, hermanos míos! Por favor, no cometáis esta maldad, porque este hombre ha entrado en mi casa. No cometáis esta vileza.»
(Jueces 19:22-23)
3) Explicaciones del apóstol Pablo:
«Por esta causa, Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por relaciones contra naturaleza.
De la misma manera, también los hombres, dejando las relaciones naturales con la mujer, se encendieron en sus pasiones desordenadas unos con otros, cometiendo actos vergonzosos, hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución que corresponde a su extravío.
Como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, los entregó Dios a una mente reprobada, para hacer lo que no es debido.»
(Romanos 1:26-28)
«Y conocemos esto: que la ley de Dios no ha sido puesta para el justo, sino para los rebeldes e insubordinados, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los homosexuales, para los secuestradores, para los mentirosos, para los perjuros, y para cuanto haya contrario a la sana doctrina.»
(1 Timoteo 1:9-10)
4) ¡Lavados en el nombre de Jesucristo!
«¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.
Y esto erais algunos de vosotros, pero ya habéis sido lavados, pero ya sois santificados, pero ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.»
(1 Corintios 6:9-11)
Dios siempre recibe al pecador que se arrepiente y desea una nueva vida junto a Él. Hay esperanza para todos.
«Venid, pues, dice Dios; y razonemos juntos: Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.»
(Isaías 1:18)
«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.»
(2 Corintios 5:17)
Existen ministerios específicos para ayudar a los homosexuales que desean cambiar de vida, algunos fundados y dirigidos por ex-homosexuales. Escríbanos por información de contacto en su país. ¡Sí, una nueva vida es posible!
HOMOSEXUALIDAD Y ESPERANZA
TERAPIA Y CURACIÓN EN LA EXPERIENCIA DE UN PSICÓLOGO
Por GERARD J.M. VAN DEN AARDWEG
Doctor en psicología por la Universidad de Amsterdam
